El Porqué de Nuestro Fogón
El Rescate del Maíz Auténtico
Cuando llegamos a Bogotá, notamos con tristeza que la arepa venezolana se había reducido a versiones industrializadas: masas recalentadas en tostadoras eléctricas, rellenos secos y quesos procesados que jamás conocieron una ubre campesina. Sabíamos que la diáspora merecía reencontrarse con el verdadero aroma del maíz tostado al hierro, y que el comensal colombiano merecía probar la receta en su máxima dignidad.
Por eso nos negamos a tomar atajos. En Tierra de Gracia no existen los polvos químicos ni los conservantes. El maíz blanco y amarillo se lava, se cocina con agua pura y sal marina de Araya, y se muele a mano cada madrugada para lograr esa elasticidad viva que solo una masa fresca puede regalar.
"Una arepa no se apura. Se tuesta sobre el hierro hasta que al darle un golpe con los nudillos suena hueca, como un tambor de fiesta llanera."